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La punta del iceberg.

Bebí un poco de café mientras revisaba los papeles que tenía sobre la mesa, absorto en mis propias cavilaciones. Estaba tan sumido en mis pensamientos que me llevé un pequeño susto cuando Fernando depositó una mano sobre mi hombro, apretándolo un par de veces con suavidad.
Buenos días, chaval –sonrió de manera amable mientras se sentaba frente a mí–. ¿Te pillo muy ocupado?
Le devolví la sonrisa sin esfuerzo. Me alegraba verle con tanta energía.
Estaba revisando unas anotaciones –confesé–, pero puedo dejarlas para más adelante. ¿Qué ocurre?
Su expresión cambió. Algo le reconcomía por dentro. Estaba claro que quería hablarme de un tema importante.
Su sobrina, pensé.
Apoyé la espalda sobre el respaldo de la silla, procurando disimular la inquietud que sentía en ese momento.
Verás... –se pinzó el tabique nasal mientras cerraba los ojos con fuerza durante unos segundos. Estaba preocupado. Sus gestos le delataban–. Me gustaría que hablásemos de Sun.
Claro –reaccioné con rapidez, regalándole una sonrisa cómplice–. Tú dirás.
Adopté una posición relajada. Quería transmitirle confianza, que viera que podía contar conmigo. Sin embargo, él parecía un tanto reticente. No estaba seguro de sí mismo y las palabras se resistían a hacer acto de presencia.
Inspiró hondo y miró a su alrededor. El resto de compañeros que pululaban por la sala de profesores no nos prestaban atención. Probablemente quería pasar desapercibido.
Me gustaría mejorar mi relación con Sun.
Sus palabras me sorprendieron. Desde luego, no era aquello lo que me esperaba. Fruncí el ceño, un tanto confuso.
¿Cómo es tu relación con ella?
A Fernando le llevó unos segundos responder. Estaba haciendo un esfuerzo por ser sincero consigo mismo.
Inexistente –confesó.
Arqueé una ceja, incrédulo. Había algo que no me cuadraba. Cuando Fernando me presentó oficialmente a Sun la definió claramente como “especial”. Pero eso ya lo sabía. Lo había sabido desde el día que conocí a ese pequeño mirlo indefenso.
No pude evitar acordarme de la conversación que había mantenido con ella ayer, donde mi curiosidad no había hecho otra cosa que aumentar. Había estado hecha un amasijo de nervios durante toda la hora que pasamos juntos, no obstante se puso realmente tensa cuando le pregunté acerca de su familia. Su expresión facial me había dejado claro que ese tema no era de mi incumbencia, sin embargo siempre había creído que mantenía una estrecha relación con su tío –a pesar de que éste me había advertido de que tuvo una infancia complicada–.
¿Estaba relacionado él con su niñez?
Decidí comunicarle parte de la conversación que mantuve con ella –ya que Fernando no estaba al tanto de nuestra reunión en la biblioteca–, evitando mencionar el lugar en el que nos encontrábamos, así como también las preguntas personales que le hice que no tenían nada que ver con el tema de su familia.
Mi amigo permaneció serio cuando comenté las reacciones que tuvo Sun y, por consiguiente, mis conclusiones al respecto.
Mi sobrina es un témpano de hielo –hizo una pausa para frotarse la frente con una mano–. Es normal, al fin y al cabo. Ya te dije que tuvo una infancia bastante complicada.
La curiosidad que sentía se multiplicaba cada vez más. Estaba claro que era un tema peliagudo y que mi intuición al respecto no me había fallado.
¿Quieres que hablemos de eso? –bebí un pequeño sorbo de café–. ¿Quieres mi ayuda?
Fernando sonrió con cierta tristeza. Estaba claro que la ayuda que buscaba no iba dirigida exactamente hacia él, pero no quise anticiparme a sus decisiones.
Su padre murió cuando ella tenía seis años –habló tan repentinamente que me pilló desprevenido–. Mi hermana y mi cuñado vivían en Londres, así que cuando él falleció Lidia decidió volver a Santander con su hija.
Tragué saliva. No era un tema agradable, pero sospechaba que éso sólo era la punta del iceberg.
Todavía no lo ha superado –ni siquiera me molesté en formular la frase como una pregunta. Era algo más que obvio.
Mi compañero inspiró hondo, armándose de valor antes de continuar. Me puse tenso.
Cuando regresaron a España, Lidia cuidó de su hija hasta los diez años. Por aquél entonces tenía un trabajo mal remunerado y, por suerte o por desgracia, le surgió una nueva oportunidad laboral en Londres con un sueldo muy superior al que tenía aquí.
Fernando volvió a inspirar hondo. Nuestra conversación me estaba dejando una mala sensación en el cuerpo. O tal vez fuera el café amargo lo que incrementó mi malestar.
¿Qué decisión tomó tu hermana? –traté de permanecer sereno, pero la curiosidad y el interés me estaban consumiendo.
Se fue –vi como le temblaba la voz. Entrelazó las manos para disimular el traqueteo de sus dedos. Estaba afectado–. Se fue sin Sun. La dejó sola en Santarder con dos empleados del hogar que cuidaron de ella hasta la fecha.
Me quedé de piedra. Me costaba creer que su madre hubiera hecho tal cosa, pero la seriedad de Fernando daba veracidad a sus palabras.
¿Por qué no se la llevó a Londres? –era algo que no lograba comprender.
Mi amigo se encogió de hombros.
No quiso.
Me llevé las manos a la cabeza. Literalmente. No entendía nada.
¿Cómo que no quiso? –miré el reloj de mi muñeca con cierta urgencia. El tiempo del recreo se estaba agotando, por lo que pronto tendría que irse a clase de dibujo–. Explícate.
No lo sé, Max –confesó–. Lidia tampoco superó la muerte de su marido, así que supongo que debió de sufrir un efecto rebote o algo por el estilo. No tengo ni idea. Creo que abandonó a su hija por miedo a que le pasara algo a Sun y sufrir más aún.
Ahora fui yo el que inspiró hondo. Menuda historia. Menudo trauma para la niña. Primero perdía al padre y años más tarde su madre se marchaba a otro país a por un trabajo mejor, dejándola sola en casa. No era capaz de comprender semejante comportamiento.
¿Cuántos años tiene Sun? –no me molesté en reprimir mi preocupación. Esa historia me había puesto los pelos de punta.
Quince –Fernando se miró las manos–. Cumplirá los dieciséis dentro de poco, el trece de octubre.
Me sentí realmente mal. Sun llevaba viviendo sola seis años. Santo cielo, si era una niña. No pude evitar imaginarme la sensación de abandono y soledad que debió de sentir –y que probablemente seguiría sintiendo–. Estaba claro que aquellos sucesos la habían marcado de por vida.
Detuve el discurrir de mis pensamientos cuando caí en la cuenta de otro factor.
¿Y tú no te hiciste cargo de ella? –mi pregunta fue un reproche que no fui capaz de disimular.
Tenía realmente interés en saber qué papel jugaba mi compañero en esa dramática historia y, desde luego, estaba convencido de que si su relación con su sobrina era “inexistente”, era por algo.
No, yo no acepté su tutela –confesó. No pudo sostenerme la mirada. Parecía arrepentido–. No quise. Me pareció demasiada responsabilidad y por aquel entonces intentaba abrirme un hueco en el mundo del arte. Estuve más concentrado en mis exposiciones que en ella.
Oculté mi rostro entre las manos mientras me tomaba unos segundos para digerir sus palabras. Otro abandono. Otra pérdida. Otra losa más sobre su espalda. ¿Es que nadie se había preocupado por ella? ¿Cómo habían sido capaces?
Un recuerdo lejano llegó a mi mente de improvisto. El día que la conocí, nuestro posterior encuentro en el restaurante. Sus amigas ebrias y ella sin una gota de alcohol. Me sorprendió pensar que una chica con esa historia no siguiera la estela de sus amigas, las cuales probablemente hubieran tenido una infancia bastante mejor que la suya.
¿Y Sun no tenía ningún otro familiar con quien quedarse? –inquirí, imaginándome la respuesta de antemano.
Fernando negó con la cabeza.
Sun se quedó sola –elevó sus ojos claros y se atrevió a clavarlos en los míos–. Por eso recurro a ti, Max. Me gustaría mejorar mi relación con ella, ya que apenas hemos tenido contacto. Sé que no he actuado de la mejor forma, pero quiero recuperar a mi sobrina.
Desde luego, no compartía la forma en que ambos adultos habían eludido su responsabilidad para-con Sun y mucho menos la carencia de moral que habían demostrado al respecto. A pesar de eso, Fernado era un amigo y el interés que sentía hacia su sobrina se había incrementado notablemente después de saber su historia. No podía ponerme una venda en los ojos e ignorar semejante revelación.
Está bien –acepté, esbozando una sonrisa un tanto forzada. Aquella situación se me antojó demasiado triste y deprimente como para sonreír con naturalidad–. Pero antes quiero saber qué le pasó al padre de Sun. Necesito saber hasta qué punto le pudo afectar ese suceso.
Mi compañero se puso tenso. Tenía la ligera sospecha de que la causa de su muerte fue relevante en el desarrollo emocional de Sun.
Y, como siempre, mi intuición fue la correcta.

Comentarios

  1. ¡Wuaaaa! Sólo leyendo este texto, que no es nada "muy especial" en la historia (o a lo mejor sí, pero yo me esperaba una escena Max-Sun) me doy cuenta de lo mucho que la echo de menos. Está impecablemente escrito, como viene siendo toda tu obra, y el punto de vista de Max es acertado y preciso como un reloj suizo. Me ha encantado, tiene un nivel bastante superior a muchos libros que he leído.
    Mi más sincera y enorme enhorabuena. :)

    PD: He visto que has repetido el "no obstante" en frases cercanas, en el "(...) la hora que pasamos juntos, no obstante (...) El tema no era de mi incumbencia, no obstante..." Yo pondría un "sin embargo" allí. ^^

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  2. Muchísimas gracias por tu comentario, Laura. Es muy gratificante que todavía haya gente que eche de menos mi historia y se acuerde de mis personajes. Pero, sobre todo, es muy gratificante que se note mi evolución y que me lo hagáis saber. :)

    P.D: Tienes razón, no me había dado cuenta. Muchas gracias por decírmelo.

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  3. A ver, a ver, por dónde empiezo... Como Laura, yo también me esperaba una escena con Max y Sun, aunque eso no ha afectado de forma alguna en lo mucho que me ha gustado el relato. Se echan de menos a estos personajes y ya iba siendo hora de saber algo más de ellos. Por fin alguien se da cuenta de lo sola que ha estado Sun y de lo desaprensivos que fueron su madre y su tío por abandonarla. Nice work! Espero con ansias nuevos textos tuyos. ¡Un beso!

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  4. ¿Qué puedo decir?
    Laura y Athenea están en lo cierto. Tanto en la escritura como con que se echaba de menos algo relacionado con Sun y Max (aunque solo salga Max aquí)

    Referente al texto, a Fernando le va a costar muchísimo hacerse un hueco en el corazón de Sun, dado que alguien que ha estado sola tanto tiempo no va a ver fácil tener una relación con alguien que no se ocupo o preocupo de ella cuando tenía 10 años. Y dado todas las personas que se suponían que tenían que estar con ella, no lo estaban, no veo como conseguirá Fernando ser parte de su vida a largo plazo.

    Esperaremos impacientes alguna otra nueva sorpresa.
    Un besazo.

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