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Malas pulgas, (primera parte).

Honor. Lealtad. Confianza. Todos los miembros permanecen unidos en un grupo, que podrá variar según la llegada de nuevos integrantes o la marcha voluntaria (o expulsión) de otros. No existe familia más allá de la manada. La familia cuida de los más débiles, proporcionándoles la información necesaria para resolver las dudas de los “recién nacidos” y ocupándose de su integridad y tutela en los momentos que así se requiera.
Todos obedecen al líder, elegido como tal entre los integrantes para garantizar la seguridad del grupo. Su voz predomina sobre las demás. Nadie le cuestiona, puesto que actúa guiado por la necesidad de garantizar el bienestar de la familia.
Antes de aceptar a un nuevo miembro en el grupo, todos los integrantes deben estar de acuerdo y el líder tiene que aprobar su llegada. Si éste lo rechaza, los demás deben aceptar su decisión aunque no estén conformes.
Los miembros pueden tener descendencia entre ellos o entre los miembros de otras familias de manera generalmente monógama, garantizando la supervivencia de su especie transmitiendo la maldición a los recién nacidos. El líder no puede interferir en las relaciones privadas que mantengan los integrantes. El líder no tiene porqué someterse a una relación monógama.
Únicamente los más poderosos son capaces de transmitir la maldición sin necesidad de tener descendencia. Normalmente son los líderes los únicos integrantes del grupo capaces de conseguirlo.



–¿Ha funcionado? –Jena observó el cuerpo inerte que yacía en el suelo.
Un espeso silencio inundó el bosque, cargando el ambiente nocturno de una tensión poco frecuente. Ni siquiera los búhos se atrevían a ulular, conscientes de la amenaza. La luz de la luna atravesaba las copas de los árboles, bronceando sus cuerpos desnudos con diversos matices plateados.
Gleb permanecía acuclillado examinando a la joven inconsciente que estaba tendida a sus pies, pensativo. El cabello castaño cubría su rostro con tirabuzones caóticos y desordenados. Gleb desvió la mirada hacia su frágil cuerpo, cubierto por un vestido sucio que presentaba diversos desgarrones. Observó el corte profundo a la altura de las costillas, donde la sangre se escapaba a través de una herida abierta.
–No lo sé –su respuesta sincera perturbó a Jena, que permanecía expectante.
Ambos se giraron al percibir una tercera presencia aproximándose a ellos. Un hombre rubio apareció entre los árboles, caminando con rapidez en su dirección. Tampoco tenía ropa, pero no le importaba. Hacía tiempo que la vergüenza había desaparecido del grupo.
Se pasó una mano por la frente, retirándose diversas gotas de sudor que resbalaban por su piel. Su respiración era agitada, sin duda provocada por una carrera demasiado rápida.
Arqueó una ceja cuando vio a la chica tirada en el suelo.
–¿De dónde ha salido esta princesita de cuento? –preguntó, con cierto deje burlón.
Gleb le lanzó una mirada de advertencia.
–No lo sé, Hugh –respondió con lentitud, mirándole fijamente–. Estaba así cuando la encontré.
Volvió a observar a la joven con el ceño fruncido, que seguía sin mostrar ninguna mejora aparente. No pudo evitar fijarse en la dentellada que presentaba uno de sus antebrazos. Sin duda se podían percibir las hendiduras que le habían producido los colmillos en diversos puntos, formando dos cadenas regulares por donde fluía la sangre.
–¿Qué demonios ha pasado? –una voz confusa llegó hasta el grupo.
Ronna, la temperamental, se acercó hasta ellos prácticamente corriendo, pero se detuvo en seco cuando descubrió la herida en el antebrazo de la muchacha.
–¿¡Le has mordido!? –elevó la voz de manera brusca, indignada–. ¿¡En qué estabas pensando!?
Gleb se puso en pie mientras apretaba la mandíbula con fuerza y le dedicaba una mirada poco amistosa.
–Se estaba muriendo –dijo sin más–. Ni siquiera sé si ha funcionado.
Volvió a dirigirle una mirada preocupada a la joven, pero Ronna pronto captó su atención de nuevo.
–¿Te das cuenta de lo que eso significa? –protestó, enseñando los dientes–. No la conocemos de nada. No sabemos nada de ella y la acabas de incluir en nuestro grupo, en nuestra familia. ¡Ni siquiera sabes su nombre! ¿¡Cómo has podido hacer algo así!?
El rostro de Ronna sufrió una transformación prácticamente instantánea, provocando que la mandíbula se alargase mientras la nariz se convertía en un hocico peludo y puntiagudo. Sus ojos brillaron en la oscuridad, peligrosos.
Gleb abarcó la distancia que los separaba en apenas unos segundos para sujetarla fuertemente del cuello antes de que se completara la transformación. Ronna advirtió el peligro.
–No cuestiones mis actos, Ronna –los ojos de Gleb se tornaron amarillentos, con un brillo amenazador que le heló la sangre. La mujer esquivó su mirada rápidamente y la centró en el suelo del bosque, intimidada–. Se estaba muriendo. Hice lo que creía correcto.
El rostro de Ronna volvió a la normalidad, adquiriendo sus facciones humanas transcurridos unos segundos. Sin embargo, su respiración seguía siendo agitada. Gleb todavía la sujetaba fuertemente por el cuello, muy cerca de su rostro. Ronna se relajó. Le gustaba tenerle próximo a su cuerpo y, a pesar de que aquellas circunstancias no eran las habituales entre ellos, en esa ocasión no iba a ser diferente.
–Tiene pulso –Jena se había arrodillado junto a la joven, presionándole cuidadosamente la yugular con los dedos en busca de los latidos de su corazón.
Hugh se acercó sin poder reprimir su curiosidad, con una sonrisa socarrona dibujada en la cara. Gleb liberó inmediatamente a Ronna del cepo que atenazaba su cuello para volver sobre sus pasos y observar a la joven, conteniendo la respiración.
No obstante, Ronna permaneció a cierta distancia mientras observaba la escena con disgusto mal disimulado.
Gleb comprobó con sus propios ojos como las heridas, rasguños y hematomas que presentaba el cuerpo de la chica remitían poco a poco, dotando a su piel del aspecto original que presentaba. Clavó la mirada en la mordedura de su antebrazo que él mismo le había producido, de la que únicamente quedaban pequeñas cicatrices blancas en los lugares donde los colmillos habían perforado la carne. Supuso que la marca no desaparecería nunca, que sería un pequeño recuerdo de la maldición que acababa de transmitirle.
–Ha funcionado –Jena observó a su líder con asombro–. Está completamente curada. Incluso respira con normalidad.
Gleb inspiró hondo. Sí, había funcionado, lo cual significaba que era más fuerte de lo que pensaba. Lo suficientemente fuerte como para poder transmitir la maldición sin necesidad de tener descendencia. Se sintió satisfecho, orgulloso de sí mismo.
–Encárgate de ella –ordenó. Jena asintió con la cabeza–. Instrúyela en cuanto despierte. Cuéntaselo todo. No sabemos cómo le afectará la próxima luna, ni su estado de humor. Es importante que no tenga ninguna duda, así que responde a todo lo que te pregunte. ¿Entendido?
Jena volvió a asentir en silencio, preguntándose mentalmente porqué no se encargaba él mismo de la situación.

***

Se removió en sueños, azotada por alguna pesadilla. A pesar de que la consciencia empezaba a hacer acto de presencia, se encontraba demasiado exhausta como para plantearse siquiera abrir los ojos. Sin embargo, pronto percibió que algo no marchaba bien. La superficie donde descansaba era dura e irregular, por lo que descartó la idea de estar durmiendo en su cama. Aquello fue lo suficientemente inquietante como para que despegara lentamente los párpados.
Una luz matinal la cegó momentáneamente, haciendo que su preocupación aumentase. Escuchó ruidos extraños. ¿Animales? Se despejó automáticamente, incorporándose mientras se apoyaba sobre los codos. Miró a su alrededor. ¿Estaba en un bosque?
–Buenos días, Bella Durmiente –unos ojos azulados aparecieron en su campo de visión, demasiado cerca de ella, sobresaltándola–. Bienvenida a la manada.
Parpadeó varias veces seguidas, terriblemente confundida.
–¿Qué?

Comentarios

  1. Es algo fuera de lo normal lo que acabas de poner en el blog, pero por eso, puede ser aun más especial si cabe. El relato a estado genial, la sensación y el ambiente era el idoneo, espero que está no sea la única perte de este relato.
    Me a fascinado la forma en que Gleb a encarado a Ronna. A estado fantastico, en ese momento parecia estar ahi, con ellos.

    Maravilloso.

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    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, Serela. :) Me alegra que te haya gustado tanto.

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  2. Un relato sobre hombres-lobo... interesante. Ya sabes que me suelen encantar tus relatos y éste no ha sido una excepción. Al principio me he liado un poco con los nombres, pero luego me he ido situando. Estoy deseando una segunda parte, porque la verdad es que lo has dejado un poco en el aire. Me ha gustado mucho tu forma de escribir el ambiente, me ha parecido muy oscuro, adecuado con lo que pasa.
    Menos mal que has puesto las "normas" de la manada, porque si no, no lo habría comprendido bien.
    Me ha gustado mucho, en pocas palabras. (=

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  3. ¡Me encantan los licántropos! Me ha gustado mucho el relato, y la última parte es perfecta. Espero poder leer la segunda pronto (:

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  4. Wuoooo, un relato sobre hombres (y mujeres) lobo. Qué bueno!!
    Al inicio delrelato llegué a pensar que la chica a la que habían mordido era conocida del chico, ahora me has dejado con la duda de qué va a pasar con ella y la manada.
    Me gusta mucho el carácter de Ronna, es toda una loba XDD
    También pensé cuándo apareció Hugh que él era el líder (y yo diciendo: Ya verás la que les va a caer a estos...) pero no, sólo es un lobo sexy (yo me le imagino sexy, en plan Eric Northman de True Blood XD).
    Y lo dicho,me ha gustado,está guay y eso de las normas iniciales ayudan a entender lo que pasa después. Un besote!!

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